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Fun Games: las máquinas alemanas que legalmente no eran juego de azar

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En algún punto de la historia de cada mercado del juego hay una categoría de máquina que existe únicamente por una definición. La de Alemania se llamó Fun Games: muebles que ocuparon las salas alemanas a finales de los noventa y principios de los dos mil, clasificados legalmente como dispositivos de entretenimiento porque no pagaban dinero en absoluto. Pagaban en puntos.

El vacío legal, con precisión

La ley alemana trazaba su línea alrededor del Geldgewinn, la ganancia en dinero. Una máquina que daba efectivo era un Geldspielgerät, sujeto a todo el peso de la homologación, los límites de apuesta, los topes de pérdida y las pausas obligatorias. Una máquina que solo daba puntos para seguir jugando era un dispositivo de entretenimiento casi sin ninguna de esas restricciones.

Los fabricantes construyeron en consecuencia. Los Fun Games funcionaban a velocidades que ninguna máquina de efectivo homologada podía alcanzar, acumulaban grandes saldos de puntos y ofrecían apuestas por partida muy por encima de los límites legales de las máquinas de dinero; todo legal, porque de la bandeja no salía dinero. Lo que pasara después con los puntos no era, en la pulcra ficción legal, asunto de la máquina.

El propio relato de la asociación del sector sobre aquel periodo señala lo central que llegó a ser el formato en las salas alemanas antes del ajuste de cuentas.

La sentencia de 2005

El 23 de noviembre de 2005, el Bundesverwaltungsgericht, el Tribunal Administrativo Federal alemán, se pronunció sobre los Fun Games y cerró la categoría en la práctica. El razonamiento atravesó el formalismo: una máquina cuyos puntos funcionan económicamente como dinero, en un entorno donde se tratan como dinero, es una máquina de juego de azar con independencia de lo que salga de la bandeja de monedas. Los dispositivos se retiraron.

El patrón al que pertenece

Los Fun Games son un caso del fenómeno más persistente de la regulación de máquinas de juego: la máquina de arbitraje de definiciones. Todos los mercados han producido una. Países Bajos se adelantó creando una categoría legal para máquinas de habilidad que solo pueden pagar en partidas gratis. Japón construyó toda una industria nacional sobre el hecho de que las salas de pachinko no pagan efectivo directamente. El escándalo coreano de Sea Story creció a partir de vales regalo. La propia Alemania observa hoy la generación más reciente de la misma idea, con redadas en locales que operan máquinas de puntos sin licencia que repiten la lógica de los Fun Games casi exactamente. En España, el debate sobre las máquinas «recreativas» sin premio en metálico ha recorrido el mismo camino.

La lección que los reguladores vuelven a aprender es que una definición basada en la forma del pago —efectivo, puntos, fichas, vales, premios— siempre será burlada. Las definiciones basadas en la función económica del pago son mucho más difíciles de esquivar, que es precisamente lo que dijo el tribunal en 2005.

Por qué nos parece interesante como constructores

Porque aclara lo que es en realidad una tragamonedas. No rodillos, no símbolos, no un mueble: un dispositivo que convierte dinero en un resultado aleatorio con una pérdida esperada. Todo lo demás es presentación. En Giro Games construimos juegos que son inequívocamente lo que son —slots licenciadas con RTP publicado, funcionando en plataformas de operadores bajo la mirada de un regulador—, y el episodio de los Fun Games es un recordatorio útil de por qué esa claridad vale más que cualquier vacío legal. Lo que entra en esa claridad lo detallamos en certificación de slots; lo que ofrecemos a los operadores, en servicios.

Fuentes: Verbot von Fun Games — BVerwG, 23.11.2005, 6 C 9.05 (alemán); VDAI — Fun Games (alemán). +18. Juegue con responsabilidad.

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